La diabetes no se toma vacaciones
Las bebidas
Mantener una hidratación óptima durante el verano es uno de los aspectos más importantes, sobre todo para beneficio del riñón, que trabaja mucho más fácilmente cuando la hidratación es abundante, sostiene la Doctora Graciela Fuente, prestigiosa profesional de la División de Nutrición del Hospital Durand.
Por eso, las bebidas frías, como el agua, la soda, gaseosas dietéticas o infusiones frías como el té o el mate cocido, son recomendadas para sobrellevar las temperaturas más agobiantes y mantenerse hidratado.
Según la profesional, no es aconsejable para las personas con diabetes ingerir alcohol, sobre todo cerveza (una bebida típica del verano) ya que contiene hidratos de carbono y puede modificar la glucemia en los pacientes diabéticos. Además, si la persona es insulinodependiente, correrá con el riesgo de llegar a una hipoglucemia, ya que el alcohol impide que el hígado produzca glucosa. En el caso particular de las personas mayores, se recomienda especialmente que ingieran -como mínimo- dos litros de líquido por día, preferentemente agua o gaseosas sin azúcar.
Las frutas
Las personas con diabetes pueden consumir cualquier tipo de frutas. Lo importante es destacar que al tener las frutas azúcares de absorción rápida, no deben consumirse sólo de una vez y de manera excesiva, sino en porciones pequeñas en diferentes horarios del día.
Es recomendable que se combine el consumo de distintas frutas: cítricos, kiwi (que poseen menor contenido de hidratos de carbono), con las que tienen más agua como la sandía y el melón, con otras frutas que tienen más hidratos de carbono como la manzana, la pera, el durazno o la banana.
“Recuerde que comer frutas es muy bueno por el contenido de vitaminas y minerales, pero debe hacerse con moderación ya que incrementa la cantidad de azúcar. Entonces, dígale sí a las ensaladas de frutas sin azúcar, las que se pueden combinar con gelatinas dietéticas, ingiriendo porciones pequeñas a lo largo del día. Y también a la sandía, la frutilla y el melón, que contienen gran cantidad de agua y pocos azúcares; además se consiguen fácilmente porque son frutas de estación”, agregó la Dra. Fuente.
La tentación de los helados
Los helados incorporan una importante cantidad de azúcar en su elaboración; por ello hay indicaciones específicas para consumirlos según la edad de la persona y el estado de la enfermedad. En el caso de los más chicos, los niños insulinodependientes pueden comer un pequeño helado (casi como un premio) ya que después al jugar o hacer ejercicio, la actividad física ayudará a disminuir la glucemia.
En el caso de los adultos que suelen no ser tan estrictos con su dieta, no es aconsejable que consuman helados, pero si la persona mantiene un buen control glucémico puede hacerlo, siendo adecuado controlarse posteriormente la glucemia para ver cómo se modifica. Si bien los helados más recomendados son los de crema -ya que se absorben más lentamente- la recomendación del médico en cada caso debe ser siempre la indicación a seguir.
El calor y la baja presión
“Con las altas temperaturas del verano es muy común que se produzca una baja de presión; por lo tanto, si la persona con diabetes tiene hipotensión, es aconsejable que tome agua mineral con mayor contenido de sodio y que agregue -de manera moderada- un poco más de sal a los alimentos que ingiere, ya que fundamentalmente debe mantenerse bien hidratado”, agrega la doctora.
Por otro lado, muchas personas con diabetes son hipertensas, por lo que se recomienda controlar periódicamente la presión durante el verano. Es importante que no se confunda la baja de presión con la baja de azúcar, ya que a veces presentan síntomas parecidos: mareo, decaimiento, falta de fuerza. Por eso en estas circunstancia es aconsejable que la persona con diabetes mida su glucosa y se tome la presión, para distinguir los síntomas y así poder encarar el tratamiento adecuado.
Actividad física
Se recomienda realizar actividades aeróbicas y no de alto impacto, porque los esfuerzos ocasionados en una actividad brusca pueden dañar la retina o hacer perder las proteínas plasmáticas, impidiendo el buen funcionamiento del riñón. Se debe realizar ejercicio durante la hora menos calurosa, a la mañana temprano o al atardecer, con una ropa adecuada (liviana). Previamente hay que tomar suficiente líquido y hacerse un monitoreo de glucosa. Además es necesario contar con el calzado adecuado (siempre calzado deportivo con medias de algodón) para evitar lesiones en los pies, los que deben ser examinados diariamente. “La actividad física debe ser constante, lo ideal es, por lo menos, realizarla cinco veces por semana y comenzar gradualmente, hasta lograr caminar entre 40 y 60 minutos por día”, sostiene la Dra. Graciela Fuente, y agrega “también se recomienda consultar al cardiólogo antes de elegir la actividad física que encarará durante el año”. |