Mejores tratamientos para pacientes con resistencia a la insulina
El 80% de los pacientes obesos presentan resistencia a la insulina
“La resistencia a la insulina es una situación patológica muy prevalente en los países desarrollados, que afecta a un tercio de la población adulta. Esta disfunción está relacionada con la aparición del síndrome metabólico que incluye dislipemia, hipertensión, hiperglucemia y riesgo de desarrollar diabetes y enfermedad cardiovascular”, afirma el doctor Juan Ascaso, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, España.
La resistencia a la insulina es la expresión de una deficiencia orgánica, por la cual las células de una persona no responden de forma normal a la acción de esa hormona (insulina), la cual es producida por el páncreas, siendo indispensable para que la glucosa penetre en las células de los tejidos. Para contrarrestar esa deficiencia, la célula beta pancreática incrementa la producción de insulina, produciéndose un hiperinsulinismo que, a la larga, no es capaz de compensar dicha deficiencia. Los niveles crónicamente elevados de insulina plasmática son los que se correlacionan con las alteraciones en los niveles vascular y orgánico del organismo.
“La resistencia a la insulina es uno de los factores predictores de la aparición de diabetes tipo 2, los cuales constituyen el 90-95% del total de la diabetes mellitus. La principal causa de aparición de resistencia insulínica puede buscarse en la presencia de determinados factores genéticos pero, además, la obesidad, el estilo de vida propio de la sociedad occidental, el incremento del stress, etc., son factores de primera magnitud que favorecen la aparición de resistencia insulínica”, manifestó el doctor Rafael García Robles, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, España.
Relación entre resistencia a la insulina e hipertensión
Varios estudios demuestran que la presencia de la insulinorresistencia precede a la aparición de la hipertensión y, por otro lado, es de destacar que el 50% de los pacientes con hipertensión es insulinorresistente. “La relación de la hipertensión y la resistencia a la insulina viene dada por los efectos nocivos que los niveles elevados de insulina y glucosa juegan en los lechos vasculares. En el caso concreto de la hiperinsulinemia, ésta se ha asociado con hiperfunción del sistema nervioso simpático, aumento de retención de sodio, empeoramiento del perfil lipídico, etc. Esta situación mantenida a largo plazo condiciona los efectos clásicos de la hipertensión sobre los órganos diana”, afirma el doctor García Robles.
La relación entre la resistencia a la insulina y la hipertensión es más evidente en los obesos, y en su patogenia parece que juega un papel clave la disminución del número de receptores para la insulina. “De este modo”, añade el referido especialista, “la hipertensión del paciente obeso se acompaña tanto de un incremento de la actividad del sistema nervioso simpático, como de una mayor retención de sodio y expansión de volumen. Confirmando la base patogénica de la resistencia insulínica en el obeso, están los datos que demuestran cómo el ejercicio físico y la dieta aumentan el número de receptores de insulina y se acompañan de caídas de los niveles de presión arterial y de insulina plasmática”.
“En general, el tratamiento de la función insulínica mejora las presiones de hipertensión y el consiguiente daño potencial sobre las paredes vasculares, reduciendo el riesgo cardiovascular, así como las probabilidades de infarto cardio y cerebrovascular”, añade el doctor Ascaso.
Tratamiento de la resistencia a la insulina: las glitazonas
“En los últimos años, ha surgido un nuevo grupo farmacológico que agoniza los receptores PPAR de tal modo que aumentan los niveles de sensibilidad a la insulina y mejoran el metabolismo de glucosa. De forma paralela a estos efectos sobre el perfil hidrocarbonado, se ha comenzado a ver que en los pacientes tratados con estos fármacos mejora el perfil de riesgo cardiovascular”, indica el doctor García Robles.
“En cualquier caso, aunque con el empleo de las glitazonas se han descripto algunos efectos secundarios, como aumento de peso o aparición de edemas, cabe esperar que sean fármacos de utilidad para pacientes con resistencia a la insulina e hipertensión, ya que al mejorar la sensibilidad a la insulina se reducen los niveles de presión arterial y el riesgo cardiovascular global”, concluye el doctor García Robles. |